diciembre 18, 2009
noviembre 21, 2009
Dia de la Independencia
Durante mucho tiempo caí en el error de pensar que cuanto más independiente es alguien, más se aleja del contacto humano, se hacía menos sociable y llegaba a convivir con un mundo en el que él era completamente autosuficiente y donde términos como el "amor" o la "solidaridad" no se comprendían igual y pasaban a ser aspectos puramente opcionales en lugar de básicos en su vida.
Hoy, como ya he recalcado, veo aquella forma de pensar errónea. Tan errónea que he decidido marcar el día de hoy en el calendario como mi particular Día de la Independencia. Y es que en los últimos meses he sufrido una pequeña metamorfosis y he recuperado al ser independiente que algún día fuí y con ello muchas virtudes que me caracterizaban y que había abandonado en el camino tras mucho incidentes; o más bien llamémoslos accidentes.
La independencia, tomada desde una perspectiva adecuada, no es para nada negativa, y es más, creo que es necesaria en determinadas etapas de la vida; y yo creo que he alcanzado una de ellas. Te ayuda a conocerte a ti mismo un poquito más. A conocer tus virtudes, y tus defectos. A conocer los defectos que te gustan y que ves ya prácticamente como una seña de identidad, y a rechazar e intentar modificar aquellos de los que no estás tan orgulloso. La independencia te ayuda a encontrarte contigo mismo. A pasar un día solo, en tu compañía, y saber valorarlo. Te ayuda a quererte un poquito más, y esto creo que es algo imprescindible. Es imprescindible para poder compartir con el resto lo que eres. Saber que tienes algo que entregar y que al igual que tú tienes una infinidad de cosas que aprender, también tienes muchas otras que enseñar. Saber que no pasas desapercibido, que al igual que tú tienes gente a la que admiras, también hay gente que puede llegar a admirarte a ti.
Así que hoy lo marco en el calendario de modo que el próximo año y el año después de él, lo vea y reflexione. Analice en qué punto de mi vida me encuentro y si sacio el nivel de independencia que me exige. Si soy capaz de estar contento conmigo mismo por lo que yo soy, sin necesidad de observar mi reflejo a mi alrededor para estar orgulloso de mí. Pues ambas perspectivas son igualmente necesarias.
Hoy, como ya he recalcado, veo aquella forma de pensar errónea. Tan errónea que he decidido marcar el día de hoy en el calendario como mi particular Día de la Independencia. Y es que en los últimos meses he sufrido una pequeña metamorfosis y he recuperado al ser independiente que algún día fuí y con ello muchas virtudes que me caracterizaban y que había abandonado en el camino tras mucho incidentes; o más bien llamémoslos accidentes.
La independencia, tomada desde una perspectiva adecuada, no es para nada negativa, y es más, creo que es necesaria en determinadas etapas de la vida; y yo creo que he alcanzado una de ellas. Te ayuda a conocerte a ti mismo un poquito más. A conocer tus virtudes, y tus defectos. A conocer los defectos que te gustan y que ves ya prácticamente como una seña de identidad, y a rechazar e intentar modificar aquellos de los que no estás tan orgulloso. La independencia te ayuda a encontrarte contigo mismo. A pasar un día solo, en tu compañía, y saber valorarlo. Te ayuda a quererte un poquito más, y esto creo que es algo imprescindible. Es imprescindible para poder compartir con el resto lo que eres. Saber que tienes algo que entregar y que al igual que tú tienes una infinidad de cosas que aprender, también tienes muchas otras que enseñar. Saber que no pasas desapercibido, que al igual que tú tienes gente a la que admiras, también hay gente que puede llegar a admirarte a ti.
Así que hoy lo marco en el calendario de modo que el próximo año y el año después de él, lo vea y reflexione. Analice en qué punto de mi vida me encuentro y si sacio el nivel de independencia que me exige. Si soy capaz de estar contento conmigo mismo por lo que yo soy, sin necesidad de observar mi reflejo a mi alrededor para estar orgulloso de mí. Pues ambas perspectivas son igualmente necesarias.
noviembre 08, 2009
decisiones

En la vida, llega un momento en el que tienes que parar, parar de hacer cosas y sentarte a pensar. A pensar en tu vida, en general y a especificar, si es que tienes que hacerlo, en cosas concretas que han marcado un antes y un después. Y es difícil. Es difícil porque nunca sabes por dónde empezar. Yo siempre comienzo por el final. Como los buenos libros. Y voy dando pasitos muy pequeños hacia atrás. Con miedo. Con muchísimo miedo. La electricidad, la oscuridad y la vida en sí me paralizan. Les tengo pánico. Pánico con mayúsculas, con las seis letras correspondientes bien ordenadas. Siempre he creído que crecer es pensar con la cabeza… Justo ahora me doy cuenta de lo equivocada que estaba. Crecer es sentir. A secas. No digo que se sienta más con veinte años que con quince. Digo que a medida que una crece, debe ir preparándose para sentir cualquier cosa, para sentir con todo el cuerpo. Crecer no sólo implica una serie de responsabilidades, implica un curso intensivo en el que uno mismo se enseña y aprende a asumir esas responsabilidades que de repente empiezan a caer de la nada. Y tienes que estar preparado. Preparadísimo. Tienes que asumir cada decisión que tomas, para bien o para mal. Luego, no sé. De pequeña te enseñan a saber perder. Pero a medida que pasan los años, te das cuenta, o al menos yo me doy cuenta, de que casi es más importante saber ganar que saber perder. Porque nunca se gana y ya está. Después de colgarte la medalla y recibir las felicitaciones correspondientes queda lo peor: Mantenerse. Y es algo que cuesta muchísimo.
Errar es humano, arrepentirse también lo es. Quiero cambiar muchas cosas. Pero siempre me propongo metas que sé que, si me esfuerzo, las puedo alcanzar. Así, de esta manera tan simple, soy feliz.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)