agosto 30, 2009

soplando al viento


Temo encontrarte y que no me reconozcas. He pasado meses creyendo que no existes, ignorando tu nombre, cerrándote los espacios. Pero alguien me ha hablado de ti. Nunca he creído en cuentos, el papel de princesa no me queda bien. Apenas una bruja con su escoba. Bastó un murmullo para anudarte ciego a mi garganta. Ahora todas las cosas del mundo me hablan de ti. La otra noche te soñé, tu aroma era suave. No pude ver tu rostro. Tus brazos me sostenían fuerte, se me llenaban los huesos de espuma. Luego desperté y hacía frío. Mi cuerpo permaneció quieto entre las sábanas. Entonces se me hizo imposible regresar.


Como un presentimiento breve, invertiste el sentido de mi vida. Ya no camino como antes, dudo en las esquinas, retrocedo los pasos. A veces también tiemblo. Te pareces a otros que finalmente son distintos. Primero fueron días, después semanas. Podía pasarme horas en un mismo lugar, hasta que caí en la cuenta de que no podía ser cualquiera. Me he quedado quieta sobre este puente, decidida a quemarte los ojos si apareces. Tarde o temprano pasarás por aquí; se trata de un lugar estratégico. Como un viceversa que no sabe de atajos; ni tú ni yo estaremos libres.


Empiezo a observar a mi alrededor. La ciudad se ve distinta desde aquí. Las personas pasan rápido y no hablan. Atardece, se encienden las luces de los coches. Hay una mancha sobre el río, no creo que exista otro igual en el mundo. Cuando aparezcas, me gustaría preguntarte si piensas lo mismo. Algunos turistas toman fotografías, no entiendo lo que dicen. El viento desordena mi pelo, guardo mis manos en los bolsillos. Recito un verso de memoria "... sin embargo te advierto que estamos cosidos a la misma estrella...". De pronto, alguien toca mi espalda, pero yo no me atrevo a mirar.